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27 de agosto de 2008

El sonido de los colores

En una inolvidable exposición de la artista-escritora-fotógrafa-cineasta Sophie Calle, cuya fecundísima imaginación colma su trabajo con la cualidad que toda obra artística debería poseer: crear historias que permitan observar la vida de un modo nuevo, había una sección especialmente sorprendente. Se titulaba Los ciegos y estaba armada alrededor de una idea sencilla y a la vez perturbadora. Sophie Calle había preguntado a personas ciegas de nacimiento cuál era su imagen de la belleza y luego había colocado las respuestas junto a un retrato del protagonista y una fotografía de la persona o espacio al que se referían. El resultado era conmovedor. El espectador descubría qué bulle en el cerebro de una persona que nunca ha contemplado el mundo, cómo construye sus referencias conceptuales, de qué modo organiza sus relaciones con el entorno. Conocía además que las palabras funcionan de un modo distinto según se usen o no los ojos para conocer la realidad. Una de las respuestas que más me impresionó fue ésta:

"Cuando me dicen que un hombre es rubio y tiene los ojos azules, pienso que tiene que ser guapo. Pienso que los rubios son guapos. Quizá porque hay pocos. Y la palabra 'azul', con sólo decirla, ya es hermosa. Me han dicho que mi marido es guapo. Eso espero. Y me han dicho que, en la Costa Azul, las montañas se reflejan en el mar y los paisajes se mezclan. Debe ser hermoso."

En boca de una mujer que no había conocido la luz, las palabras 'azul', 'rubio', 'mezcla' o 'guapo' adquirían de pronto una connotación inesperada, inaugural.

Me he acordado de Sophie Calle y de las respuestas de sus interlocutores ciegos al leer el libro (¿álbum? ¿cuento? ¿historieta? ¿poema?) de Jimmy Liao El sonido de los colores.

La protagonista es una joven que ha perdido la vista y en un momento determinado se desafía a transitar sola por el metro. Su invencible instinto le ayuda a guiarse por las amenazantes galerías subterráneas mientras tantea el mundo con su bastón blanco. Lo que Jimmy Liao nos regala es el deslumbrante color de la imaginación de esa adolescente solitaria que, mientras camina, va meditando, evocando, fantaseando y sintiendo con un estoicismo agradecido y valeroso. En su mente se suceden recuerdos de la infancia, imágenes de cuentos escuchados y leídos, emociones antiguas y recientes, ruidos y olores reconocibles o completamente nuevos, deseos y esperanzas incólumes. Son esas percepciones de la joven ciega lo que el autor percibe tras las sombras y las ilumina con un amor contagioso. Abrimos una página y nos sorprenden las radiantes tonalidades de un sueño tranquilizador, y en la siguiente nos golpea la neblinosa estampa de un instante de llanto y rabia de la protagonista, y en otra más adelante es la geométrica ilustración de la soledad lo que estalla ante nuestros ojos fascinados.

El libro entrevera a partes iguales inventiva, afecto y poesía. Uno presiente que la adolescente ciega de la que habla Jimmy Liao puede ser el reflejo de cualquiera de nosotros, de las inseguridades, ofuscaciones, anhelos y fantasías que nos acompañan y nos definen. No puedo evitar leer-mirar la descripción de la luminosa oscuridad de la protagonista sin sentirme interpelado, sin dejar de pensar en los sombríos laberintos de nuestra mente.

(El sonido de los colores ha sido publicado por Bárbara Fiore Editora)

5 de junio de 2008

Bloc

Únicamente han publicado dos números, pero ya es una revista de referencia. Se llama Bloc y está dedicada a exaltar los álbumes ilustrados y la literatura que en ellos anida. Como la ignorancia es no sólo atrevida sino devastadora, viene siendo costumbre manifestar una cierta displicencia hacia esos libros por considerarlos productos destinados a la infancia, con todos los silencios y postergaciones que esa etiqueta lleva consigo. Rara vez se leen en revistas literarias o suplementos culturales análisis medianamente serios acerca de las extraordinarias historias que allí se cuentan y se iluminan, mientras que obras insubstanciales de autores de moda provocan elogios tan desmedidos como impostores. Y, sin embargo, cuánta vida, cuánta profundidad, cuánta emoción fluyen por decenas de ellos. Pocas veces se presentan tan bien hermanados la literatura y el arte, lo mejor de la imaginación humana. Y eso es, precisamente, lo que esta revista quiere mostrar. Escrita en castellano e inglés, Bloc es un regalo para la vista y un estímulo para el pensamiento.

Mientras escribo esta invitación a leer, un blog amigo, Librosfera, está dedicando las entradas de esta semana a ensalzar los álbumes ilustrados con la misma admiración y entusiasmo con que aquí tratamos de hacerlo.

21 de mayo de 2008

La historia de Erika

Con frecuencia encuentro en los álbumes ilustrados, tan desconocidos como desconsiderados, la hondura y la belleza que no siempre ofrecen los libros de adultos. La literatura se manifiesta en ellos en su estado más puro. Nada de palabrería, nada de banalidad, nada de afectación.

La historia de Erika
es un ejemplo de ello. El relato es conmovedor. Posee la intensidad y la luminosidad de los grandes poemas. Plantea además un dilema ético que a nadie deja impasible: ¿qué hacer con un bebé de pocos meses si el destino que le espera, como a sus padres y a los restantes judíos hacinados en el tren que los conduce a un campo de exterminio, es la muerte? ¿Darle una oportunidad de vivir aunque ello signifique desprenderse de él o mantenerlo en los brazos aun conociendo su terrible final? El drama de los padres es perturbador: optar entre el desgarro de una separación con la esperanza de salvar a su hija y el consuelo de la custodia a sabiendas de que nada evitará su asesinato. Hay en el relato una frase estremecedora: "En su camino hacia la muerte, mi madre me lanzó a la vida". En efecto, los padres deciden arrojar a Erika por el ventanuco del vagón dándole así una oportunidad de sobrevivir. Y lo consiguen. Unas manos hospitalarias se hacen cargo del bulto caído en la hierba y lo entregan a una mujer que lo cuidará como a una hija. Muchos años después, la propia Erika cuenta su historia a la autora del texto, Ruth Vander Zee, que la escribe con una transparencia respetuosa y admirable.

Las ilustraciones de Roberto Innocenti, Premio Andersen 2008, agregan a la narración los colores y los encuadres precisos. Concebidos casi como fotografías de una deportación cualquiera en una estación cualquiera de la Alemania nazi, los dibujos de Innocenti poseen el equilibrio exacto entre la mirada distanciada que una tragedia semejante reclama y la emoción que al mismo tiempo necesita.

El álbum La historia de Erika ha sido publicado en España por la Editorial Kalandraka.