"Así que busqué otro lugar y encontré una biblioteca de barrio por la zona del Museo de Arqueología. Era una biblioteca muy pequeña, sólo tenía unas mesas muy grandes de lectura y unas sillas muy viejas y muy pesadas. Estaba abierta todos los días, salvo el domingo y el lunes, aparte de los estudiantes de liceo, que venían a hacer sus deberes a la salida de clase, no había casi nadie. Durante unos meses, pude leer allí todos los libros que quise, al azar, sin ningún orden, dejándome llevar por la fantasía. Leí libros de geografía y de zoología, pero sobre todo novelas, Nana y Germinal de Zola, Madame Bovary y Tres cuentos de Flaubert, Los Miserables de Victor Hugo, Una vida de Maupassant, El extranjero y La peste de Camus, El último de los justos de Schwarz-Bart, El deber de la violencia de Yambo Uologuem, El niño de arena de Ben Jellum, Pierrot, amigo mío de Queneau, El clan Morembert de Exbrayat, La isla de las gaviotas de Bachellerie, La Billebaude de Vincenot y Moravagine de Cendrars. También leía traducciones, como La cabaña del tío Tom, El nacimiento de Jalna, Mon petit doigt m'a dit, Los santos inocentes o Primer amor de Turgueniev, que me gustaba mucho. Fuera todavía apretaba el calor, pero dentro de la biblioteca hacía fresco y estaba todo muy tranquilo, tenía la impresión de que allí nadie vendría a buscarme. En ella conocí al señor Ruchdi, que había sido profesor de francés en un liceo. Cuando me cansaba de leer y salía al jardincito polvoriento que había delante de la biblioteca, el señor Ruchdi venía a fumarse un cigarrillo y a charlar conmigo. No me preguntó nada, pero creo que le intrigaba verme leer tantos libros. Me dio algunas indicaciones, me dijo lo que debería leer primero, me habló de los grandes autores, de Voltaire, de Diderot, y también de los autores modernos como Colette y de la poesía de Rimbaud, que yo no entendía, pero que me parecía muy hermosa. El señor Ruchdi era pobre, pero elegante, con su traje marrón siempre muy bien planchado, su camisa blanca y su corbata azul oscuro. Fumaba demasiado, su bigote gris estaba amarillento por el tabaco, pero me gustaba mucho su forma de sujetar el cigarrillo, entre el dedo pulgar y el dedo índice, como si señalara algo con una regla."
Quien así habla es Laila, una joven marroquí oriunda de una aldea del sur del país. Raptada cuando tenía seis años y vendida posteriormente a una anciana sefardí, Lalla Asma, que se convierte en su 'abuela' y protectora, pasa su infancia encerrada en una casa de Rabat. Es Lalla Asma quien la instruye, le enseña a leer y escribir y contar, le habla de la religión y de la vida. La muerte de la 'abuela' la hace recalar en un fondac, donde Laila intima con las 'princesas' que allí ofician como prostitutas. Antes de emigrar clandestinamente a Francia, donde transforma su vida, Laila conoce la cárcel, la explotación, la miseria, el desprecio... Es en los días de mayor desamparo cuando Laila encuentra refugio en una pequeña biblioteca de barrio. Y donde lee los libros reseñados más arriba.
Laila es la protagonista de la novela El pez dorado de J. M. G. Le Clézio.
Lo que me llama la atención del episodio de la biblioteca que narra el autor es la lista de libros que hace leer a la protagonista. No es una lista improvisada. De la misma manera que al hablar en una entrada anterior de este blog de los libros que leyó en su infancia David Copperfield, el personaje principal de la novela del mismo nombre escrita por Charles Dickens, refería que esas lecturas revelaban el pensamiento de una época pero asimismo los gustos y las opiniones del propio autor, también ahora esa lista que Le Clézio elabora es reflejo de sus aficiones y de sus intereses. La pluralidad de libros que hace leer a Laila muestra su pensamiento acerca del significado y la influencia de la lectura. Desde novelas históricas a relatos policíacos, pasando por narraciones del éxodo judío o la humillación de campesinos españoles, el canon que ofrece Le Clézio a través de su personaje da que pensar.
Sería interesante conocer la opinión de los lectores al respecto. Admito que me gustaría saber qué libros le harían leer, cuáles serían los autores que considerarían más significativos, qué títulos de la literatura clásica incluirían en la lista, si quienes se asoman a este blog se vieran en el trance de describir a un personaje como Laila en una novela propia.
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11 de octubre de 2008
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