Estos kaikus me gustan:
Ikutabi mo / Muchas veces
Yuki no fukasa o / he preguntado
Tazune keri / por el espesor de la nieve.
MASAOKA SHIKI
Yuki wa shizuka-ni / Nieva abundantemente.
Yutaka-ni hageshi / Todo es silencio
Kabane-shitsu / como en la habitación del muerto.
ISHIDA HAKYOO
Yuki tokete / Con la nieve que se derrite
mura ippai no / está el pueblo rebosante
kodomo kana / ...de niños.
KOBAYASHI ISSA
UN RINCÓN DE LA CALLE
La nieve es pobre y nadie lo percibe.
Siempre en el suelo, amontonada a veces
en el rincón más sucio de la calle.
LA NOSTALGIA
La nieve cubre sin borrar la forma,
alivia las aristas, salvaguarda
el calor, la nostalgia.
TARDE DE AVENTURAS
Sobre la mesa un libro de aventuras
que ha llenado la tarde de espejismos,
sombras en las paredes ya borrosas
de un domingo que acaba sin ninguna
sorpresa, en la butaca los periódicos
arrugados o rotos. Alguien mira
por la ventana un mundo inexplicable
al que nunca se cansa de aguardar,
y se sorprende al ver cómo la nieve
se ha atrevido a caer, tan sigilosa.
LA NIEVE BLANCA
¿Esta nieve es la misma de otras veces?
La que cayó cubriendo el jardín que hoy no existe.
La que estaba aquel día sobre el balcón, inmóvil.
La que vino en un frasco y luego se hizo agua.
O aquella que borraba los perfiles
de la ciudad sombría.
Aquella nieve blanca no es la misma de hoy.
Del relato Nieve, de Maxence Fermine, recupero este capítulo:La nieve es un poema. Un poema de resplandeciente blancura.
En enero cubre la mitad norte de Japón.
Allí donde vivía Yuko, la nieve era la poesía del invierno.
Contrariando los deseos de su padre, Yuko abrazó la carrera de poeta los primeros días de enero de 1885. Decidió no escribir sino para ensalzar la belleza de la nieve. Había hallado su camino. Sabía que nunca se cansaría de aquella vida deslumbrante.
Los días de nieve tomó la costumbre de salir muy temprano de casa y caminar hacia la montaña. siempre iba al mismo lugar a escribir sus poemas. Se sentaba bajo un árbol con las piernas cruzadas y permanecía allí largas horas eligiendo en su retiro las diecisiete sílabas más hermosas del mundo. Luego, cuando sentía que por fin dominaba el poema, lo escribía en un papel de seda.
Cada día un nuevo poema, una nueva inspiración, un nuevo pergamino. Cada día un paisaje distinto, una luz diferente. Pero siempre el haiku y la nieve. Hasta el anochecer.
Regresaba siempre para la ceremonia del té.