Ayer, justo al día siguiente de que los iPad se pusieran a la venta en España, tuve oportunidad de manejar uno en casa de unos amigos.
Ya sé que es un suceso minúsculo, pero si hablo de ello es para dar cuenta de las gratísimas sensaciones que tuve mientras lo usaba. El mero hecho de tenerlo en las manos ya producía placer y algunas de las aplicaciones que exploré me dejaron admirado. Sólo tuve ocasión de ojear (y de hojear también, pues las páginas de los libros en él contenidos se pasan como las hojas de un volumen de papel) algunas de las Rimas de Bécquer, algunos párrafos de Platero y yo y algún capítulo de Winnie the Pooh (sí, ya sé que el muestrario no es para tirar cohetes, pero eran los textos que estaban instalados en la biblioteca) y debo decir que la lectura fue sorprendente. La calidad de las imágenes, la luminosidad y la facilidad de uso animaron esa primera experiencia. No es mi intención hacer un análisis concienzudo de las características del iPad, simplemente quería que supieran que si el futuro de la lectura, que tan apocalípticamente se vaticina, dependiera de artefactos como el iPad podríamos los lectores estar muy, muy tranquilos.
Y ya que hablamos de las primeras experiencias con los iPad les aconsejo que vean, si es que aún no lo han hecho, cómo reaccionan una niña de dos años y medio y una mujer centenaria ante ese mismo dispositivo electrónico.
Ya sé que es un suceso minúsculo, pero si hablo de ello es para dar cuenta de las gratísimas sensaciones que tuve mientras lo usaba. El mero hecho de tenerlo en las manos ya producía placer y algunas de las aplicaciones que exploré me dejaron admirado. Sólo tuve ocasión de ojear (y de hojear también, pues las páginas de los libros en él contenidos se pasan como las hojas de un volumen de papel) algunas de las Rimas de Bécquer, algunos párrafos de Platero y yo y algún capítulo de Winnie the Pooh (sí, ya sé que el muestrario no es para tirar cohetes, pero eran los textos que estaban instalados en la biblioteca) y debo decir que la lectura fue sorprendente. La calidad de las imágenes, la luminosidad y la facilidad de uso animaron esa primera experiencia. No es mi intención hacer un análisis concienzudo de las características del iPad, simplemente quería que supieran que si el futuro de la lectura, que tan apocalípticamente se vaticina, dependiera de artefactos como el iPad podríamos los lectores estar muy, muy tranquilos.Y ya que hablamos de las primeras experiencias con los iPad les aconsejo que vean, si es que aún no lo han hecho, cómo reaccionan una niña de dos años y medio y una mujer centenaria ante ese mismo dispositivo electrónico.