Coincidíamos los presentes en que esas minúsculas historias de Andalucía merecían el amparo de la literatura, pues sólo ella podría legar a los lectores del futuro la emoción de esas experiencias, pues sólo ella podría otorgar el conocimiento que los libros de historia o las estadísticas no pueden ofrecer. Y aunque en algunos de los libros de Antonio Muñoz Molina están contados con pasión aquellos momentos, aquellas perplejidades, pues él mismo fue protagonista de la transición entre esos dos mundos, lo cierto es que aquellas vivencias apenas han sido narradas. ¿Cómo no celebrar entonces que el reconocimiento literario a aquel afanoso hombre de campo y a la mujer serena que escuchaba nuestras lamentaciones con atención y simpatía venga ahora de la mano de uno de los nietos? En una repisa de la casa donde hablábamos descansaba el libro 'Respirar bajo el agua', escrito por Pablo Valdivia, uno de los miembros de la nueva generación. En él puede leerse un poema, Pecho Colorado, que habla de la satisfacción de saber que, aunque lejos, aunque cosmopolita, su identidad procede en parte de las historias que le contaba su abuelo y de la tierra que él labraba.
Merienda en los olivos.
Las piquetas sostienen
los trocos y las cribas
descansan aceituna.
Se fragua tu destino
entre aquellos hermanos.
Imágenes que vuelven
de tu pasado. Roja
tierra por la pendiente
que ya nadie cultiva.
En ella hablan tus sueños,
de ella bebe tu vida.
El poema es un homenaje particular, claro, pero es a la vez una manera de preservar, como sólo la literatura puede hacerlo, una cierta memoria colectiva.