En su recuerdo, en homenaje también a los que como él sufrieron la humillación y el descrédito, he querido evocar algunos textos de su Juan de Mairena, su 'alter ego', aquel apócrifo profesor de Retórica por cuya mediación expresó Antonio Machado su bonhomía, su inteligencia, su compromiso con la vida de los desfavorecidos y con los ideales pedagógicos de la República española. No es fácil seleccionar cuando todas las sentencias y apuntes de Mairena merecen conmemoración. Sólo aspiro a rememorar y, sobre todo, alentar la lectura de ese admirable libro.
He aquí algunas reflexiones de Juan de Mairena:
(Las clases de Mairena.)
Juan de Mairena hacía advertencias demasiado elementales a sus alumnos. No olvidemos que éstos eran muy jóvenes, casi niños, apenas bachilleres; que Mairena colocaba en el primer banco de su clase a los más torpes, y que casi siempre se dirigía a ellos.
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(Proverbios y consejos de Mairena.)
Los hombres que están siempre de vuelta en todas las cosas son los que no han ido a ninguna parte. Porque ya es mucho ir; volver, ¡nadie ha vuelto!
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(Mairena lee y comenta versos de su maestro.)
Mairena no era un recitador de poesías. Se limitaba a leer sin gesticular y en un tono neutro, levemente musical. Ponía los acentos de la emoción donde suponía él que los había puesto el poeta. Como no era tampoco un virtuoso de la lectura, cuando leía versos -o prosa- no pretendía nunca que se dijese: ¡qué bien lee este hombre!, sino: ¡qué bien está lo que este hombre lee!, sin importarle mucho que se añadiese: ¡lástima que no lea mejor! Le disgustaba decir sus propios versos, que no eran para él sino cenizas de un fuego o virutas de una carpintería, algo que ya no le interesaba. Oírlos declamados, cantados, bramados por los recitadores y, sobre todo, por las recitadoras de oficio, le hubiera horripilado. Gustaba, en cambio, de oírlos recitar a los niños de las escuelas populares.
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- Hoy traemos, señores, la lección 28, que es la primera que dedicamos a la oratoria sagrada. Hoy vamos a hablar de Dios. ¿Os agrada el tema?
Muestras de asentimiento en la clase.
- Que se pongan en pie todos los que crean en Él.
Toda la clase se levanta, aunque no toda con el mismo ímpetu.
- ¡Bravo! Muy bien. Hasta mañana, señores.
- ¿...?
- Que pueden ustedes retirarse.
- ¿Y qué traemos mañana?
- La lección 29: "De la posible inexistencia de Dios".
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Sed originales; yo os lo aconsejo; casi me atrevería a ordenároslo. Para ello -claro es- tenéis que renunciar al aplauso de los snobs y de los fanáticos de la novedad, porque ésos creerán siempre haber leído algo de lo que vosotros pensáis, y aun pensarán, además, que vosotros lo habíais leído también, aunque en ediciones profanadas ya por el vulgo, y que, en último término, no lo habéis comprendido tan bien como ellos. A vosotros no os importe pensar lo que habéis leído ochenta veces y oído quinientas, porque no es lo mismo pensar que haber leído.