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30 de septiembre de 2010

Otoño con libros

Tal día como hoy, 3o de septiembre, pero del año 1970, el poeta español Blas de Otero fechó el poema que reproduzco a continuación. He querido rememorarlo en estos días de tribulación y hastío. Es un homenaje literario y a la vez un recordatorio de aquellas personas íntegras que, aún en las peores adversidades, no se rinden y encuentran consuelo en los libros para continuar bregando, para seguir abonando la esperanza.


NO ME MOVERÁN

Cuando se alcanza la edad de los libros un poco amarillentos y
[manoseados,
y el cuerpo comienza a tropezar consigo mismo si intenta
[adelantar un paso más de lo establecido,
y hablamos con cierta gravedad y un poco de escepticismo y
[resignación,
entonces que no nos vengan con la declaración de los derechos
[del hombre,
los deberes de la mujer y la rebeldía de los jóvenes,
sabemos de sobra,
conocemos a fondo la marcha de los acontecimientos
en Vietnam, en Rodesia, en Portugal y en Puerto Rico,
nos limitamos a amar a una mujer y con un poco de
[distanciamiento a los hombres en general,
fui niño pisoteado por una cruz de palo,
muchacho alegre entre las calles de Madrid,
joven meditativo, y ahora alcanzo la madurez como quien un libro
[alcanza del penúltimo estante de la biblioteca,
verbi gratia, Fortunata y Jacinta que vuelvo a leer esta tarde del
[otoño
en que el mundo sigue enredado en sus propios hilos
manejados un poco abusivamente por dos poderosos trujamanes,
sabemos de sobra
que abunda la injusticia y sobran el hambre y la falta de libertad,
hicimos cuanto pudimos para evitarlo,
continuaremos leyendo a Galdós y manteniendo nuestra integridad
[de mera persona humana,
no me moverán
los sueños ni las imposturas,
prolongaré hasta el final el timbre de mi voz directamente dirigida
[a los hombres
y algún pedazo de pared que otro.

Blas de Otero, Hojas de Madrid