Ya acabé el año indignado por la desaparición de CNN+, uno de los canales de televisión españoles que me serenaba por las noches y me afirmaba la confianza que aún mantengo en el valor del periodismo crítico y veraz y en la virtud de las palabras razonadas (y no escupidas o gritadas como sucede a menudo en las tertulias radiofónicas o televisivas). Lo que más me humilló es que ese canal fuera inmediatamente sustituido por uno de los programas más degradantes de la televisión de mi país, ese engendro denominado Gran Hermano 24 horas (ya saben, un conjunto de tarados y exhibicionistas encerrados en una casa y observados sin interrupción por decenas de cámaras para deleite de millones de telespectadores). Fue un símbolo inequívoco, ofensivo, de las hipocresías e inmoralidades que suceden en España.
Y he recibido el año con las nuevas cifras del paro laboral en mi país. ¡Más de cuatro millones de personas sin empleo! Una quinta parte de los ciudadanos en edad de trabajar! ¿Cómo se puede asumir eso? ¿Cómo soportar los testimonios diarios de personas que buscan trabajo y no lo encuentran o son despedidas inesperadamente de empleos ya de por sí miserables? Miro a mi alrededor y qué veo: una izquierda política deshilachada y desorientada, una socialdemocracia acobardada y cómplice, una derecha con mirada de buitre y sonrisa de hiena.
Y ya en el terreno de los afectos particulares y para colmo recibí ayer el último número de la revista Bloc. Último por ser el más reciente y último porque no habrá ninguno más. Una de las iniciativas mejor concebidas y más exquisitamente elaboradas en Europa en torno a los libros ilustrados se acaba. Basta observar y leer ese postrer número dedicado a los juguetes y a su presencia en los álbumes infantiles para lamentar vivamente su desaparición. Cada uno de los monográficos anteriores ha ofrecido el conocimiento y la belleza que pedimos a revistas de este tipo. No son habituales las informaciones y entrevistas que la han caracterizado ni la delicada conjunción de texto e imágenes que la componían (como en el tipo de libros a los que rinden homenaje). Estaba editada además en castellano y en inglés. ¿Cómo es posible entonces que únicamente se hayan publicado 6 números? ¿Cómo aceptar que una empresa de este tipo no tenga porvenir en España? ¿Cómo admitir que no ha habido voluntad de apoyo por parte de los cientos de departamentos universitarios, escritores, ilustradores, lectores... que hay en mi país? Sinceramente, no sé qué responder.

Pido disculpas por el lenguaje de hoy. Ya sé que no son formas de comenzar el año, pero qué puedo hacer. Me parecía más honesto no ocultar mi verdadero estado de ánimo.