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25 de noviembre de 2009

Ellas que caminan a nuestro lado


SENEGALESA

Diles que pregunten por mí
en la aldea de Thiaroye, allí me conocen,
saben quién es mi madre y que le llaman
Ndiémé, saben quién es mi hermana Bébé,
cuál es mi casa, allí me conocen.
Diles que pregunten por mí a la vieja Misia
que me vio nacer y que me curó de la fiebre
y estuvo una vez en la ciudad de Thies a por un diente de oro,
que pregunten por mí a mi primo Makalou
que lleva a los turistas en su barca de pesca.
Que pregunten a mi gente, allí me conocen.
Díselo. No tengo papeles, pero allí saben quién soy,
allí me conocen.


He querido que el poema de Berta Piñán, que habla de la insignificancia de quienes pierden su identidad y sus referencias culturales cuando cambian de país y entran a formar parte de la vasta y uniformadora categoría de 'emigrantes' o, aún peor, 'emigrantes sin papeles',
sirva de encabezamiento al anuncio de una exposición titulada Mujeres y fronteras. Un viaje de Senegal a España, que desde ayer, 24 de noviembre, está abierta en la Biblioteca de Andalucía, en Granada.

El proyecto en el que los organizadores, Luna Vives y Javier Acebal, están empeñados tiene como objetivo acercar a las personas atentas "a la experiencia migratoria de un grupo de mujeres senegalesas que viven hoy en Andalucía. Entre estas actividades está una exposición de fotografía, que siguiendo el viaje de varias mujeres, parte de sus ciudades y pueblos de origen, traza los caminos que han seguido para llegar a su situación actual, explora la relación que mantienen con los que quedaron atrás y los sueños que las ayudan a seguir adelante". Las magníficas fotografías que hilvanan la exposición dan cuenta de un viaje que no es sólo geográfico sino emocional, lingüístico y cultural. Un viaje que en muchos casos acaba en tragedia.

Las mujeres senegalesas que han emigrado unen a las contrariedades generales las propias de su condición: la separación prolongada de sus hijos, las dificultades que tienen para obtener trabajos que otras mujeres emigrantes sí pueden alcanzar debido a su color de piel y a sus costumbres, las discriminaciones familiares y sociales... Las fotografías y los textos y los objetos que urden la exposición tienen la virtud de 'humanizar' a personas generalmente invisibles, tantas veces ignoradas. Las dota de rostro, de antecedentes, de biografía. Las hace vecinas, las hace amables. Es ese acercamiento, la tentativa de quebrar los estereotipos y reconstruir su historia, el mayor valor de una exposición que ayuda a afinar la mirada y a fortalecer la comprensión. Se entiende de pronto que a nuestro lado hay pasados, hay sueños.

Como sé que a muchos lectores les resulta imposible acercarse a ella, dejo aquí un enlace para que la puedan visitar de modo virtual.