11 de diciembre de 2008

Árboles y libros

En el primoroso Jardín Florido de la Fundación Lázaro Galdiano, en Madrid, sobrevivió hasta hace unos meses un haya roja que, en cierta medida, constituía el emblema de la institución. El haya enfermó y se secó. Las últimas hojas del centenario árbol brotaron en la primavera del pasado año. Ahora es tan sólo un árbol sin vida, enhiesto, decorativo. Tan lastimosa pérdida no podía ser desatendida y el Patronato de la Fundación decidió dar una respuesta artística a la muerte del árbol. Para ello decidió encargar a Miguel Ángel Blanco la realización de un homenaje. El resultado es la exposición Árbol caído que en estos lluviosos días otoñales puede verse con un placer teñido de melancolía.

Miguel Ángel Blanco es un creador singular. Hace casi un cuarto de siglo inició un ininterrumpido y unitario itinerario artístico cuyo nombre genérico es Biblioteca del Bosque.


Tan personal biblioteca responde a su deseo de dar cuenta de su relación física y poética con los árboles, a los que considera fuente de conocimiento y testimonio de sabiduría natural, y a los que ve permanentemente amenzados por la codicia o la indiferencia humanas. La biblioteca está compuesta actualmente por más de mil libros-caja, de distintos tamaños y distintos contenidos, cuyo alfabeto está constituido por elementos de los árboles legendarios, antiguos o caídos que Miguel Ángel Blanco ha ido conociendo a lo largo de su vida: cortezas, hojas, frutos, líquenes, resinas, ramas, astillas... Con ellos compone hermosas y delicadas piezas que deposita en una caja a la que incorpora hojas de papel hecho a mano sobre las que estampa imágenes -fotografías, grabados, pinturas, fotocopias, frotaciones...- que guardan una íntima y simbólica relación con el árbol de referencia.

Libro nº 1027
ÁRBOL INTERIOR SAQQARA
4.4.2007 - 102 x 102 x 28 mm
4 páginas de papel verjurado y papel vegetal con estampación fotográfica
Caja con tres astillas de una viga de madera que sobresalía desde el interior de la cara oeste de la pirámide escalonada de Saqqara, sobre algodón y arena de Egipto


Libro nº 965
PALO DE TRES COSTILLAS
15.7.2005 - 185 x 93 x 42 mm
4 páginas de papel de grabado con gofrados de acículas y grafito
Caja con palo de tres costillas (Serjania mexicana), Museo de Tepoztlán, exconvento de La Natividad, Morelos, sobre carborundo irisado, Cuenca


Libro nº 954
CÚPULAS SINFÓNICAS DE ENCINAS
4.4.2005 - 250 x 250 x33 mm
Caja con 216 cúpulas de encinas de La Ardosa, Valle de Alcudia, arena del crematorio de Mari Karnika a orilla del Ganges, Veranesi y tierra de Jaisalmen, desierto del Thar, India


Libro nº 916
PICÓN DE ENCINAS
26.5.2004 - 295 x 415 x 30 mm
4 páginas de papel verjurado y papel mexicano de pochote hecho a mano con quemaduras
Caja con picón (encina carbonizada) del Valle de Alcudia sobre parafina


Libro nº 776
RASCAFRÍA. ULMUS MINOR LUX
31.3.2000 - 420 x 640 x 60 mm
4 páginas de papel reciclado y papel de Nepal con frotaciones de cortezas de olmo
Caja con secciones del tronco de la olma de Rascafría, caída por el peso de la nieve, y cristal de roca sobre polvo de mármol



La impresión que uno recibe al ver esos libros-caja es la de estar ante objetos que interrogan y emplazan. Poseen la rara cualidad de modificar la mirada sobre el mundo. La naturaleza, y los árboles en particular, adquiere una nueva perspectiva, una distinta consideración. Al término de la visita, uno nota que comienza a observar los árboles con otra conciencia, con los ojos con que el artista los había contemplado previamente. Esa transferencia constituye el don más preciado del arte. Gracias a ello el espectador comienza a ver de otro modo, a leer la realidad con más sutileza, con más conocimiento.

Para el homenaje al haya roja del jardín de la Fundación Lázaro Galdiano, Miguel Ángel Blanco ha ideado, aparte de las intervenciones en el propio jardín y en los cristales de algunas ventanas, dos cajas-libro que representan la faz y el reverso, la apariencia y la interioridad, lo visible y lo invisible del árbol caído. De ese modo, el haya desaparecida se perpetúa en la memoria de los lectores.



No me resisto a reproducir las palabras de Miguel de Unamuno que cita Miguel Ángel Blanco en el catálogo de la exposición: "Hubo árboles antes de que hubiera libros, y acaso cuando acaben los libros continúen los árboles. Y tal vez llegue la humanidad a un grado de cultura tal que no necesite ya de libros, pero siempre necesitará de árboles, y entonces abonará los árboles con libros".