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26 de mayo de 2009

Leyendo a Pablo Neruda

Hoy quiero ofrecerles dos poemas que representan, a la vez, dos modos de leer. Son dos diferentes respuestas literarias a la poesía de Pablo Neruda. Me gustan porque demuestran que cada lector responde de manera íntima y singular a lo que lee, porque presentan la escritura como una posibilidad de proseguir y culminar la lectura.

El primero de ellos, cuyo autor es Luis Alberto de Cuenca, es una sutil e irónica contestación al célebre poema 15 del libro 20 poemas de amor y una canción desesperada. Ya recuerdan: "Me gustas cuando callas porque estás como ausente..." (aquí pueden leerlo completo). Si colocan ambos poemas uno al lado del otro y los dan a leer a los jóvenes, es seguro que aprenderán algo más sobre lo que significa la lectura y sobre los diversos modos de dialogar con la poesía que la escritura
permite.

EL DESAYUNO

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
"Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno".

El siguiente poema es de Javier Bozalongo y desgrana sus recuerdos juveniles de lector, cuando los versos de Pablo Neruda lo deslumbraron y le hicieron observar el mundo a través de ellos. Los incorporó a sus modos de mirar y de sentir, igual que al cabo del tiempo los incorpora al poema que escribe en memoria de aquellas primeras lecturas. Es también perceptible el rastro de los
20 poemas de amor y una canción desesperada, así como del libro que da título al poema.

RESIDENCIA EN LA TIERRA

(A/con Pablo Neruda)

Verano del setenta y ocho.
Recuerdo bien la vieja librería,
a las chicas con guardapolvo azul
y el tío Pepe al fondo, sentado en su despacho.
La penumbra del enorme almacén
escondía tesoros
difíciles de descubrir
para el joven aprendiz de poeta.
Recuerdo bien mis treinta años menos
y las ganas ingenuas de escribir, por ejemplo:
La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.

Acorralado entre el mar y la tristeza

de mis diecisiete años de entonces
siempre me acompañaba el sortilegio
que tú dejaste escrito:
Aquí vive un poeta.
La tristeza no puede

entrar por estas puertas.
Desde entonces, mi vida
ha sido un galopar de años alegres
cantándole a los ojos oceánicos
de las pocas mujeres que amaron.
Ahora que el día lunes arde como el petróleo,
yo vuelvo a la oficina y no sé si estos versos
serán un homenaje para ti
o serán, para mí, como un largo lamento
del hombre que se cansa
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro. *

* (Este último poema está extraído del libro Corazón de casa. Catorce jóvenes poetas cantan a Neruda, editado por el Ayuntamiento de Peligros, Granada, con motivo de la inauguración del Teatro Pablo Neruda de la citada localidad)