12 de noviembre de 2008

Hablar de libros

En el seminario que en torno a los grupos o clubes de lectura organiza en otoño y desde hace tres años la Fundación Francisco Ayala, y cuya coordinación comparto con la profesora Andrea Villarrubia, hemos hablado mucho sobre los comportamientos de los lectores y su inclinación a compartir con otros sus lecturas. Ese intercambio de pareceres es algo nuevo y antiguo a la vez. Antiguo en tanto que el deseo de conversar sobre los libros leídos es consubstancial al hecho mismo de leer y tiene antecedentes bien lejanos; nuevo porque la organización y extensión de los grupos de lectura es, al menos en España, una práctica aún adolescente.

Una de las cuestiones debatidas en esta ocasión fue el modo más apropiado de hablar sobre los libros. No es una cuestión intrascendente. Muchos lectores se sienten reacios a participar en un club de lectura porque consideran que serían incapaces de manifestar sus opiniones ante otros lectores, pues creen que no poseen el lenguaje adecuado para tal circunstancia. Resulta lamentable ese retraimiento. No es grato comprobar que personas que leen con asiduidad tengan la conciencia de que es necesario dominar un léxico especializado para hablar públicamente de sus lecturas. Cuando eso ocurre es preciso reconocer un cierto fracaso. Ello significaría que se ha asentado la idea de que únicamente el método académico de comentar un libro es el correcto, el deseable. Indicaría asimismo que se acepta sin resistencia el sinsentido de que quien escribe lo hace pensando preferentemente en los filólogos y los críticos literarios, dado que serían ellos lo únicos capacitados para valorar sus textos. El lector común sólo sería entonces un actor secundario, un convidado ignorante. Sé que esos prejuicios tienen hondas raíces y que resulta muy dificultoso extirparlos.

Si queremos sin embargo enaltecer la experiencia de leer debemos proclamar de manera inequívoca la capacidad de todos (y no sólo el derecho) para hablar confiadamente de sus lecturas. El lenguaje cotidiano también sirve para dar cuenta de una práctica cultural que, por encima de cualquier otra consideración, tiene como objetivo ir al encuentro de las palabras que alguien tramó para revelar un mundo íntimo, incomparable y a menudo confuso. Y las emociones o reflexiones o evocaciones que un lector tenga al leerlas pueden ser expresadas con el lenguaje del que se sirve en otros momentos para pedir el pan en la panadería, mostrar su indignación ante los atropellos de un alcalde, dialogar con los hijos o expresar su contento ante el trabajo bien hecho. Aceptar que términos como conmovedor, insoportable o devorar son tan expresivos como connotación, leitmotiv o textualidad es la primera condición para que nadie se sienta excluido de la complicidad de la lectura. Es justamente la conversación en torno a un libro lo que puede ensanchar las percepciones, ramificar los conocimientos, desvelar nuevos modos de nombrar los placeres.

La literatura a veces puede decir esto mismo con más sutileza y más encanto. Reproduzco un breve cuento de Mario Benedetti a este propósito. Pertenece a su libro Despistes y franquezas.


Lingüistas


Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria al Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.
De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica:
- ¡Qué sintagma!
- ¡Qué polisemia!
- ¡Qué significante!
- ¡Qué diacronía!
- ¡Qué exemplar ceterorum!
- ¡Qué Zungenspitze!
- ¡Qué morfema!
La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas.
Sólo se la vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, mumuró casi en su oído: "Cosita linda."

12 comentarios:

SU dijo...

Discreto lector,

Estoy a punto de empezar mi tercer curso como "dinamitadora" de un club de lectura y, en esta corta experiencia, me he ido encontrando con estas personas de las que hablas, que creen no ser capaces de dar una opinión sobre la lectura de un libro.
Es por eso que siempre procuro, en las sesiones, dedicar un tiempo al trabajo en grupos pequeños, porque en la mayoría de los casos, esta incapacidad va muy ligada a la timidez y la dificultad de hablar en público.

En cualquier caso, tu apunte me ha parecido muy interesante (como todo el blog) y lo comentaré en mi próxima sesión del club.

Gracias,

SU

Dori dijo...

Pues sí Su,
nuestros profes Juan y Andrea dedicaron un buen tiempo en nuestro taller para hablar de este problema que hace que las personas, de antemano, piensen que su léxico al expresarse no está a la altura filológica competente.
Además de que pienso que todo el mundo debemos expresarnos con el vocabulario que tenemos a mano, sin agobiarnos, pensando que el lenguaje no es lo suficientemente técnico.Quizás, reforzar el 1er pensamiento que llega a nuestra mente, ayude a expresarlo con las emociones que crea en ese mismo instante.
Y como allí mismo estuadiamos; es siempre muy fiable la opinión emocional, pasional; por lo que lleva implícito de creíble.

No sé si me he expresado bien como para que se comprenda jajaja; a vueltas con lo mismo :)

¡¡Saluditos Juan y Andrea!!

pd: ya les paso a las chicas el enlace con el post en el que somos -de alguna manera- protagonistas,jiji

Inma dijo...

Juan,

Ha sido delicioso compartir estas estas cuatro tardes y más con ustedes. Gracias de nuevo.

Enlazo el blog de Paula Carbonell que viene a contarnos al IES Sierra Nevada justo antes de las vacaciones de Navidad. Un agradable paseo con múltiples e interesantes caminos en los que adentrarse.

http://paulacarbonell.blogspot.com/

Un saludo.

Mª Ángeles dijo...

Al igual que a Inma esas cuatro tardes me parecieron maravillosas.Es fascinantes que perosnas tan diferentes sin relación previa estableciesemos tan buen ambiente. La práctica más que aprobada creamos un "Club de Lectura".

Por cierto os recomiento la película "Conociendo a Jane Austen" basada en el libro "El Club de Lectura de Jane Austen" muestra como los libros son vida y que hay tantas lecturas de un texto como personas que lo lean. Saludos

Mª Ángeles dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan Mata dijo...

En efecto, Su, pienso que uno de los desafíos prioritarios de un club de lectura es hacer comprender a los participantes que sus palabras sirven para hablar de sus lecturas, que no es preciso dominar un léxico académico para mostrar la experiencia de leer un libro. Disipar los temores y las inhibiciones de los lectores es una tarea ética más que filológica. Todos ganaríamos si arraigara la idea de que el lenguaje no puede ser un obstáculo para mostrar las huellas del paso de los libros por nuestra conciencia. Ánimo, pues, para mantener esa labor "dinamitadora" (magnífico neologismo).

Gracias, Dori, Inma, Mª Ángeles, por vuestras palabras. La generosidad no es sólo una virtud de quien da, sino de quien recibe. Sois generosas en tanto que os mostráis hospitalarias y atentas. Compartir es una actitud que pide ofrecimiento pero también aceptación. Andrea y yo hemos sido conscientes de que la recepción del grupo era sincera y espontánea. Pero lo más importante para nosotros ha sido alentar vuestras prácticas y vuestros proyectos. Nos sentimos felices por ello.

Grup de Lectura en Veu Alta dijo...

Discreto lector, me ha llegado tu 'escrito' a través de 'sfer'. Hablar de libros Qué maravilla!. También a mi me han gustado tus reflexiones.
Los lectores sorprenden. Hace más de tres años empezamos la experiencia de leer en voz alta en grupo, en sesiones semanales. Empezamos con el Quijote, leíamos tres capítulos y teníamos un rato para comentar. Una de las cosas que me sorprendió al principio era la poca necesidad de hablar de muchos de los lectores. Habían tenido suficiente con la lectura. Llevamos ya más de cien sesiones de lectura juntos y aún hoy, si quiero saber la opinión de alguno de los lectores, tengo que organizar una rueda de intervenciones (que acostumbran a ser breves), en cambio cuando toca leer en voz alta, hay veces que no encuentran el punto y final.

Me ha encantado lo de ser "dinamitadora" de un club de lectura.

princesspea dijo...

alguien más que llega de la mano de sfer...

Modero un club de lectura desde hace unos 5 años y la verdad es que es una de las cosas que más me gustan hacer de mi trabajo.

No han sido pocas las veces que he tenido que batallar con algun usuario para convencerle de que no hace falta ser un experto en literatura para formar parte de un club de lectura. Ellos para excusarse siempre dicen eso de "si es que yo no sé expresarme", "¿cómo voy a hablar yo delante de gente si casi no sé ni escribir?". Y mi respuesta siempre es la misma: "leer y hablar sí sabes, ¿verdad?. pues con eso es suficiente!".

Sería una lástima que ávidos lectores que disfrutan tantísimo de la literatura y que aportan opiniones frescas y geniales, se nos escapasen a los clubs por no ayudarles a superar ese "pánico escénico".

Así que os animo a irlos "cazando" poco a poco. Seguro que ya sabéis cómo... ;) La recompensa vale la pena!!

Anónimo dijo...

Mª Cruz
Estoy completamente de acuerdo con Inma y Mª Angeles en que las cuatro tardes del taller fueron estupendas.
Personalmente tenía muchas ganas de realizar un taller de lectura y profesionalmente era un reto que tenía para poder aportar muchos más conocimientos y mejorar como coordinadora del club de lectura de la biblioteca.
Ha sido una experiencia muy positiva.

Gracias por todo a Juan y Andrea,
M.Cruz

Juan Mata dijo...

Cuánto me satisface, entusiastas amantes de la lectura en voz alta, descubrir que estáis leyendo ahora la Odisea de Homero. Así comenzó todo. Con un poeta, que quizá eran muchos, poniendo su voz y su imaginación al servicio de un guerrero cansado de regreso a casa. Qué maravilla comprobar que miles de años después, en la otra orilla del Mediterráneo, lectores y oyentes se confabulan para renovar su legado. La voz, en efecto, es uno de los más leales embajadores de la literatura. Lo sabéis bien. No puedo agregar a vuestra aventura sino mi aliento y mis parabienes.

¿Y qué decirle a la princesa del guisante que no sepa por experiencia? Su delicado cuerpo ya forma parte principal del imaginario colectivo de esta parte del mundo. Y estoy seguro de que ahora, en la realidad de nuestro tiempo, estará empleando esa misma delicadeza para hacer que los lectores apocados sean capaces de hablar sin temor de sus emociones y sus pensamientos. No puedo ofrecer entonces otra cosa que ánimos y felicitaciones.

Mª Cruz, como dije anteriormente, somos nosotros los que nos sentimos agraciados y agradecidos a vosotras. Saber que hemos contribuido a asentar ideas y despejar horizontes colma nuestras esperanzas. Gracias por tus palabras.

¿Y qué decirle a la invisible y benefactora Sfer? Simplemente gracias por su labor y su generosidad.

Anónimo dijo...

Cuando tengo un ratito me siento al final del día a leer los últimas entradas y como siempre, no se parar, leo y releo, rememoro y siempre termino pensando que leer me hace feliz y casi sin querer, porque me cuesta, se me escapa una sonrisa de las que salen de adentro. Saludos y gracias por estos ratitos...cosita linda!

Juan Mata dijo...

Nada más pensar en esa sonrisa provocada al final de la jornada por los textos que uno escribe justifica con creces este blog. A la imagen que me hago a veces de los lectores anónimos agregaré en adelante esa estampa: alguien que, mientras piensa, sonríe. Es una cosita bien linda. Gracias por recordármelo.