13 de diciembre de 2010

La deserción de un lector

Conocedora de mi afición por las imágenes de lectores, una buena amiga me envía esta magnífica fotografía, cuyo color desvaído da cuenta de su antigüedad (se tomó, en efecto, hace ya algunos años). No es la fotografía de una impostura, sino que posee el valor de lo verídico y lo extraordinario. Un joven soldado, en la pausa de unas maniobras militares en el monte, se dedica, mientras sus demás compañeros duermen, a leer. No le importa que el fuego improvisado se haya extinguido. La trama de la novela, pues es una novela lo que lee (el lector aún recuerda el título: Las uvas de la ira), importa más que la baja temperatura o el cansancio. Está realmente absorto en la lectura. Ni el espacio, ni la hora, ni el ambiente parecen disuadirlo, la atracción que ejerce la palabra y la historia es más poderosa que la incomodidad física o la aspereza del lugar. Si la lectura ofrece siempre la oportunidad del aislamiento y el refugio cálido, hay circunstancias (ejército, acuartelamiento, disciplina castrense, simulacros de guerra...) en que esa evasión imaginativa adquiere el carácter de una deserción. El tiempo que se pasa en el libro es un tiempo fuera de la uniformidad, la monotonía y la marcialidad. ¡Qué significativa resulta la escena, qué vigorosa defensa de la lectura, qué retrato más exacto del lector disconforme!

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Una perfecta definición de lo que yo siento por la literatura...

Mateo dijo...

¡Estupenda foto!
¡Geniales comentarios!
Así de embebidos podemos estar y solo nos ven desde fuera.

Paramio dijo...

Desconocía esa afición que yo comparto. No puedo remediarlo: cuando veo a alguien leer me suscita la curiosidad, ¿qué lee? ¿cómo lee? ¿qué postura adopta? ¿dónde lee? Reconozco que siento un tremendo pudor al fotografiarlos, como si tuviera temor a perturbar ese momento, a estar robándoles su intimidad. A veces pienso que lo hago porque, quizás, algún día no tendrán un libro entre sus manos, sino un artilugio técnicamente perfecto, pero sin... ¡Hermosa instantánea!

Maya dijo...

La fotografía me ha llevado de inmediato a Hemingway: La textura, la atmósfera, los personajes y colores me remiten a sus relatos... Me ha gustado verdaderamente tu artículo. Seguiré curioseando por estos lares... ¡Saludos!

Teresa dijo...

A mi también me sugiere un montón de cosas. Preciosa la fotografía y los comentarios.
Yo cuando veo a alguien leer me produce una simpatía enorme, pienso, se lo está pasando fenomenal.
Un saludo
Teresa

discreto lector dijo...

Anónimo lector o lectora, me hace feliz la coincidencia. Gracias por hacerla manifiesta.

Sí, Mateo, la lectura de algunos libros puede llegar a absorbernos de tal manera que nos haga perder la noción del tiempo y el lugar. Ojalá sigamos teniendo muchas oportunidades de perdernos.

Paramio, siempre que veo a alguien leyendo siento la necesidad de fotografiarlo. Con la cámara de fotos o con el móvil no suelo dejar pasar una oportunidad. ¡Me gusta tanto observar a los lectores, conocer los títulos de los libros, fantasear sobre sus motivos!

Maya, gracias por tu gentileza. Me ha hecho pensar la evocación que haces de los relatos de Hemingway. Creo que es muy oportuna. Espero que regreses a esta página.

Teresa, coincidimos en la curiosidad y la apreciación. Me gusta pensar que los lectores ensimismados tienen algo de criaturas felices.