18 de septiembre de 2009

El monstruo, entonces, ahora

La terrible realidad golpea sin descanso. Paseo por la calle, leo el periódico, escucho la radio, veo el telediario... y los desesperados testimonios de los parados, las abrumadoras cifras de la crisis económica o los impúdicos anuncios de los beneficios de los bancos hacen que me sienta enfurecido e impotente, o enfurecido por impotente. No dejo de pensar en ello mientras camino hacia la clase con los alumnos de la Universidad de California que se preparan para estudiar en los próximos meses en la Universidad de Granada. Pero llego al trabajo y observo que, sentada en las escaleras del edificio, una alumna está leyendo The Grapes of Wrath, de John Steinbeck. Siento una leve punzada de sorpresa y satisfacción. En la conversación emergen entonces recuerdos de pasadas lecturas personales, que equiparo con las de esta joven oriunda de la tierra donde se desarrolla la novela. Hablamos de la historia de la familia Joad y sobre la visión compasiva y airada de Steinbeck. También sobre los paralelismos entre la Gran Depresión de los años 30 del siglo XX y la crisis actual. La literatura actúa, inesperadamente, como enlace entre dos generaciones, como pretexto para el desahogo, la reflexión, tal vez la esperanza.

"Algunos portavoces [de los propietarios] eran amables porque detestaban lo que tenían que hacer, otros estaban enfadados porque no querían ser crueles, y aun otros se mostraban fríos, porque habían descubierto hacía ya mucho tiempo que no se puede ser propietario si no se es frío. Y todos se sentían atrapados en algo que les sobrepasaba. Unos despreciaban las matemáticas a las que debían obedecer, otros tenían miedo, y aun otros adoraban a las matemáticas porque podían refugiarse en ellas de las ideas y los sentimientos. Si un banco o una compañía financiera eran dueños de las tierras, el enviado decía: el Banco, o la Compañía, necesita, quiere, insiste, debe recibir, como si el banco o la compañía fueran un monstruo con capacidad para pensar y sentir, que le hubiera atrapado. Ellos no asumían la responsabilidad por los bancos o las compañías porque eran hombres y esclavos, mientras que los bancos eran máquinas y amos, todo al mismo tiempo. Algunos de los enviados estaban algo orgullosos de ser los esclavos de señores tan fríos y poderosos. Se quedaban sentados en los coches y daban explicaciones. Sabes que la tierra es pobre. Ya has escarbado en ella lo suficiente, Dios lo sabe.
[...]
Bueno, es demasiado tarde. Y los enviados explicaban el mecanismo y el razonamiento del monstruo que era más fuerte que ellos. Un hombre puede conservar la tierra si consigue comer y pagar la renta: lo puede hacer.
Sí, puede hacerlo hasta que un día pierde la cosecha y se ve obligado a pedir dinero prestado al banco.
Pero, entiendes, un banco o una compañía no lo pueden hacer porque esos bichos no respiran aire, no comen carne. Respiran beneficios, se alimentan de los intereses del dinero. Si no tienen esto mueren, igual que tú mueres sin aire, sin carne. Es triste pero es así. Sencillamente es así.
[...]
No podemos depender de eso. El banco, el monstruo, necesita obtener beneficios continuamente. No puede esperar, morirá. No, la renta debe pagarse. El monstruo muere cuando deja de crecer. No puede dejar de crecer.
[...]
Y por fin los enviados llegaban al fondo de la cuestión. El sistema de arrendamiento ya no funciona. Un hombre con un tractor puede sustituir a doce o catorce familias. Se le paga un sueldo y se queda uno con toda la cosecha. Lo tenemos que hacer. No nos gusta pero el monstruo está enfermo. Algo le ha sucedido al monstruo.
[...]
Ya lo sabemos, todo eso lo sabemos. No somos nosotros, es el banco. Un banco no es como un hombre, el propietario de cincuenta mil acres tampoco es como un hombre: es el monstruo."

(Las uvas de la ira, John Steinbeck, Alianza Editorial. Traducción de María Coy Girón)

11 comentarios:

FETE VIDAL dijo...

Impresionante ... he tenido que hacer un verdadero essfuerzo por recordar .. una campanilla sonaba en el fondo de mi memoria ¡Lo has leido! ¡Lo has leido! Dudaba de mi mismo ... Lo lei, tristemente me doy cuent aque al pertenecer al mundo editorial empiezo a olvidarme de algunos pensadores y escritores. A colacion de esto quiero repasar a Baltasar Gracian porque me suena algo de lo que aqui comentas, tambien ...
Maldita memoria, la mia ... parezco a veces un pez ...
Saludos a todos...

Juan Navarro dijo...

Vaya, es curioso: te descubrí y hace unos días y hace unos días terminaba "Tortilla flat", un Steinbeck aparentemente menor que me acercó mi hija. En realidad, la historia de un mundo marginal, pero poético y poderoso, capaz de organizar y tener su propio universo con crisis o sin crisis.
Un saludo.

discreto lector dijo...

No puedo asegurarlo, Fete, pero creo que Gracián escribió en 'El Criticón' algunas invectivas contra la usura, algo muy común en lo escritores morales del Barroco. Pero seguro que tu memoria de lector es buena y en alguna obra suya habrá alguna censura contra esa abusiva forma de enriquecimiento. Me has despertado la curiosidad.

Juan, no he leído 'Tortilla flat', pero, como suele ocurrir, basta que alguien la recomiende para que de inmediato sienta tentación de hacerlo. Me parece además que su lectura sería muy oportuna en estos tiempos. Por cierto, ya me he acercado con gusto a tu mesa camilla.

lammermoor dijo...

LLevaba tiempo dándole vueltas a si los libros tienen su Tiempo ¿Por qué aún no leí determinadas obras que sin embargo, siempre tuve a mano? Y precisamente el título que me venía a la mente era "Las Uvas de la ira" -hojeado en varias ocasiones,empezado un par de veces,no le había llegado su momento. Pero ahora, al leer esta entrada, me parece que YA ES EL MOMENTO.

discreto lector dijo...

Lammermoor, una de las cosas que más inquietud me produce es pensar en la decepción de alguien que, dejándose llevar por alguna opinión mía, lea algo que le disguste. Espero que no sea el caso. Si traigo a colación 'Las uvas de la ira' es por su carácter especular. En la novela podemos ver reflejado algo de nuestro tiempo. Hay muchas semejanzas entre la Gran Depresión norteamericana de los años treinta del siglo XX y la crisis que padecemos. Pero a su vez nuestro tiempo iluminada inesperadamente la lectura de una novela publicada hace ahora setenta años. En cualquier caso, siempre será la lectura de una historia de perdedores, de humillados.

Zeberio Zato dijo...

No lo he leído, pero me acaba de entrar una prisa tremenda por hacerlo. Te contaré la opinión cuando lo haga.

lammermoor dijo...

Después de varios meses, siguiendo tu blog, me resulta muy dificil pensar que pudiera sentirme decepcionada por cualquier lectura que haga siguiendo tu consejo. ¡Al contrario!

discreto lector dijo...

Me asusta un poco, Zeberio, que, como le decía a Lammermoor más arriba, un encendido comentario personal conduzca a una decepción ajena. Espero que no ocurra en este caso.

discreto lector dijo...

Ay, Lammermoor, ¿qué decir ante tamaña demostración de generosidad y confianza? Quizá la palabra que tanto dice pero tanto deja también de decir: gracias.

lammermoor dijo...

Vuelvo aquí para reiterar lo dicho en otras ocasiones. Ningún libro recomendado desde este blog podrá decepcionarme.
Prueba de ello es que tras leer las Uvas de la Ira y releer tu entrada, no puedo más que estar de acuerdo contigo. ¡Cuantas semejanzas entre aquel momento y este!
Me ha encantado su lectura y me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas. Entre otras, en que los clásicos siempre son actuales; buena prueba, este libro.

P.D: quizás tardé tanto en leerlo porque antes no hubiera sabido "aprovecharlo". No sé si sabré transmitir en una entrada todo lo que me hizo pensar y me sugirió.

discreto lector dijo...

Lammermoor, no tengo más que palabras de agradecimiento por tu generosidad y tu afecto. Me siento doblemente feliz: por haberte impulsado hacia un libro excepcional y por tus palabras de lectora satisfecha. Gracias de nuevo.