9 de septiembre de 2009

Indignación

Dentro de unos días comenzaré, ante nuevos alumnos, a desgranar los argumentos de siempre a favor de la lectura. Retomaré las explicaciones y hablaré de viejos libros y otros recién editados. Provocaré debates que serán originales aunque para mí sean ecos de otros anteriores. Me enfrentaré a prejuicios y tópicos y despertaré curiosidades y algunas pasiones. Sé que la lectura adquirirá para muchos alumnos una nueva dimensión y un nuevo significado y, si las cosas van bien, conquistaré algunos nuevos lectores. La inauguración de un nuevo curso académico es siempre incierta y excitante. Se presenta lleno de promesas aunque no ignoro que las decepciones me aguardan asimismo en las aulas y en los despachos. Todo esto lo sé, pero las esperanzas son ahora más vigorosas que los previsibles desengaños.

En todo ello voy pensando en el autobús que me conduce al trabajo y cuando agoto el hilo de mis razonamientos mentales bajo otra vez la vista y me pierdo en la novela de Philip Roth que sostengo en mis manos.

Los libros. La lectura. La literatura. El compromiso. La alegría.

Hay un pensamiento sin embargo que regresa obstinado y punzante a poco que mire por la ventana del autobús o me distraiga de las palabras de Roth: la insignificancia de todo ello frente a la magnitud de los problemas sociales que nos acucian. No puedo evitar preguntarme qué relevancia tiene la promoción de los libros y la lectura cuando veo el drama del paro de millones de personas, muchas de las cuales se han lanzado a las calles, avergonzadas y humilladas, a mendigar una limosna para llevar algún dinero a sus casas o cuando compruebo la impune voracidad de los banqueros y los poderosos, la desfachatez verborreica y mentirosa de tantos políticos, la corrupción económica y moral de gobernantes, jueces y funcionarios o cuando la televisión y los periódicos me traen imágenes contemporáneas de guerras antiguas y repugnantes, esclavitudes renovadas, violencias gratuitas, fanatismos ideológicos y religiosos, terrorismos enfermizos y canallas, miserias y hambrunas incesantes, banalidades estúpidas y aplaudidas.

Cierro entonces el libro y dejo de pensar en los discursos académicos y me dejo invadir por la rabia y la impotencia. Pero es precisamente el título del libro que voy leyendo, Indignación, el que me sosiega el ánimo y me hace recuperar las reflexiones iniciales. La palabra INDIGNACIÓN cruza desafiante la cubierta del libro y su sola presencia me estimula. Es la literatura, paradójicamente, la que me acomoda de nuevo en la realidad, la que justifica el acto de leer y conforma mis sentimientos. Ahí están las palabras poderosas de Roth, su denuncia del puritanismo y las convenciones sociales, su enojo cívico, su narración impetuosa y alumbradora. Gracias entonces al leve gesto de desplazar los ojos por las páginas impresas recupero las reflexiones iniciales y pienso de nuevo que los argumentos que empleo en clase tienen sentido y encuentro el aliento necesario para recuperar dentro de unos días la vieja defensa de los libros, la lectura y la literatura.

9 comentarios:

Hada de los tiempos dijo...

¡¡¡Hola!!! Soy el Hada de los tiempos, y hemos creado una comunidad para reunir la literatura y el cine de fantasía desde sus inicios a la actualidad con la participación de todos los miembros: cuentosdehadas.ning.com

Esperamos que os guste. ¡¡¡Besitos!!!

discreto lector dijo...

Muy interesante iniciativa, Hada de los tiempos. He estado viendo el proyecto y le auguro un feliz futuro. Estoy seguro de que dará muy buenos frutos. Estaré atento a su desarrollo y, en la medida de lo posible, trataré de colaborar. Enhorabuena y ánimo.

Anónimo dijo...

Yo sé que sobre gustos...
Pero cuando me pongo a pensar en qué lecturas me han dejado más huella, creo encontrar como denominador común que siempre he preferido aquellos libros que de una u otra forma han defendido la bondad, en el buen sentido de la palabra, que diría Don Antonio.
A lo mejor, leyendo, el político podría asumir la importancia de la bondad en su trabajo y se rompería la rancia tradición del maquiavelismo como virtud política.

Curro Armenio

Mateo dijo...

Comparto contigo esa rebelión interior que nos remueve y, también, cabrea. Este verano pude vivir la última obra de Leo Bassi y me insufló unas enormes ganas de continuar por todo lo alto: llamando a cada cosa por su nombre. La banca que nos roba, la política que nos engaña,... pero, ¿qué hacemos nosotros?, ¿qué planteamos? Tengo pocas respuestas pero mucha ilusión por continuar y confiar en que podremos avanzar.

FETE VIDAL dijo...

soy un desertor, me confieso, entre aprobe la carrera y me fui, lo mio no era el magisterio y mucho menos los niños ... jajajajaaja, pero la vida como una tortilla me dio la vuelta, mis hermanas fueron llamadas al genial mundo de la procreacion, muy a mi pesar ...¿Procrearon! La casa se lleno de NIÑAS, en principio nada tiene de malo ... Crecieron y un dia se dieron cuenta.Cito textualemte: "El tio Fete tiene una casa que se empequeñece, es tan pequeña que tiene que tirar los muebles porque no caben sus libros ..." Ante la desaparicion de una mesa heredada de la familia.
Me he servido de mis estudios, lo admito.
PRUEBA con una mirad complice hacia ellos y di con desenvoltura "no te conviene leer algo asi ..." jura que se leen hasta el catecismo. Es efectivo, el tio FETE es ahora un pobre prestamista de su propia biblioteca y las niañs leen mucho y es alg oenriquecedor que me digan que les cae bien Mercedes Salisachs o una frase de Gala ...

José Mari dijo...

Estas reflexiones coninciden con mi estado de ánimo actual. Preparo el comienzo de curso, pero yo con alumnos de secundaria y bachillerato, y esa angustia no deja de rondarme continuamente. No sé cómo estará el asunto en la Universidad, pero en los IES la situación es desalentadora. Es difícil llegar hasta ellos hablando de libros. Siempre planea la pregunta de ¿para qué? de la que salgo siempre indemne cogiendo otro. Creo que es ahí, en la lectura, en donde está mi propio sosiego. En fin, ya sabes que los de secundaria acabamos muy mal (yo estoy empezando y ya noto algunos síntomas). Por cierto, no estoy seguro, pero por tu nombre creo que podríamos haber coincidido en la facultad. Yo acabé en el 2000, en Granada. Un saludo y felicidades por el blog.

discreto lector dijo...

Curro Armenio, ojalá pudiéramos confirmar que la lectura es fuente segura de bondad. El siglo XX ha sido, lamentablemente, pródigo en ejemplos contrarios. No me resisto, sin embargo, a pensar que la lectura no deja ninguna huella en la conciencia del lector. Todo depende de la voluntad, la memoria o la intención de quien lee. El célebre monólogo de Shylock en 'El mercader de Venecia' puede ser leído como un conmovedor alegato en favor de la humanidad común de todos los seres humanos o como un entretenido pasaje en una obra de Shakespeare. Que escuchemos a Shylock y pensemos en los inmigrantes recién llegados a nuestras costas, por ejemplo, depende de nuestros propósitos como lectores.

Mateo, yo no tengo muchas certezas al respecto. Y a menudo me invade el desaliento. Pero la oportunidad de poder dar de pensar a jóvenes alumnos a través de los libros es una forma de desahogo y una forma asimismo de resistencia frente a tanto abuso y tanta desfachatez. A veces pienso que eso es una insignificancia y a veces me parece que es necesario y suficiente. Lo importante es no dimitir ni aceptar este estado de cosas como si fuera inevitable.

Fete, no me importaría ser una de esas sobrinas curiosas que pululan a tu alrededor. Y pues conozco ese papel debo decir que el ejercicio de prestamista o recomendador de libros a los jóvenes que están a nuestro lado es uno de los más gratos que puedan realizarse. Ser reconocido como el 'tío de los libros' es uno de los mejores títulos de los que puede uno presumir. Lo digo por experiencia. Y no es necesario ejercer en un colegio para ser un maestro de lectura.

Jose Mari, entiendo tu estado de ánimo. Vivo con una persona que tiene tu misma profesión. Sé por tanto de lo que hablas. Pero sé también que, a pesar de todo, hay necesidad de no rendirse, de tratar de usar las clases de literatura como una oportunidad para la discusión y el conocimiento, aunque a algunos alumnos les importe poco ese esfuerzo. No podemos aspirar a que todos acepten ese desafío. Yo tampoco lo pretendo. Me conformo con que algunos participen en el juego. Me temo, por lo demás, que mi tiempo de estudio es muy anterior al tuyo. Hace más de treinta años que me dedico a estos menesteres académicos. Lo importante en cualquier caso es que no decaiga tu ánimo y tu fortaleza.

bibliobulimica dijo...

Juan:
Te recomiendo que veas la película "Escritores por la libertad", con Hillary Swank basado en el libro "Freedom Writers" de Erin Gruell.

Te leo y puedo decirte: con inspirar a 1 alumno, cambia la vida de muchas personas alrededor de él. Y de 1 en 1 tu contribución es grandísima.

¡Gracias por seguir enseñando!
Un abrazo,
Ale

discreto lector dijo...

Gracias, Ale, por la recomendación de una película que vi en su momento con mucho agrado. Aunque siempre el cine dulcifica un tanto la realidad, me gustan las películas que muestran historias de redención educativa. Vienen a recordar de cuando en cuando la importancia de la escuela. Son necesarias para no caer en el nihilismo o el cinismo.

Creo, por cierto, que das más importancia a mis palabras que a tu inteligencia.