15 de enero de 2009

Descubrimientos

Una de las mayores satisfacciones de la enseñanza es el conocimiento que otorga el contacto con lectores y no lectores, con sus historias y sus trayectorias vitales. Uno tiene la oportunidad de conocer de primera mano lo que estimula o desanima, lo que enciende o apaga una pasión, lo que deja una huella duradera o desaparece sin dejar rastro. Escuchándolos, trato de comprender qué libros, qué prácticas pedagógicas, qué circunstancias familiares, qué palabras... incitan o desalientan la lectura. Las historias lectoras de los jóvenes me alertan constamente contra las rutinas o los tópicos y conforman suavemente mi modo de pensar y actuar.

He aquí una de esas historias.



La joven de la fotografía se llama Jennifer Aguilar Palma y es estadounidense. Es alumna mía. La historia que un día contó públicamente me conmovió. Lo hizo a raíz de mi presentación en clase del libro que sostiene en las manos, Donde viven los monstruos, de Maurice Sendak. Al término de mi intervención, levantó la mano y comentó que era uno de los álbumes que con más emoción recordaba de su infancia. Un sentimiento, por lo demás, muy común, pues es, ciertamente, uno de los libros más hermosos del siglo XX. Sin embargo, lo que agregaba a la historia un rasgo de excepción era el modo en que lo había conocido.

Jennifer es de origen salvadoreño. Sus padres emigraron a California a causa de la guerra civil y ella nació allí. Al poco de llegar, su madre se empleó como asistenta en el hogar de una familia. Algunos días, durante las vacaciones, Jennifer acompañaba a su madre al trabajo. En una de esas ocasiones descubrió en la habitación de los niños de la casa ese álbum. Y le fascinó. Pueden imaginar fácilmente la situación. Una niña explorando con los ojos inmesamente abiertos cada rincón del hogar donde trabaja su madre, entrando en el dormitorio de los chicos y descubriendo, entre otros tesoros, los libros infantiles dispuestos en las estanterías. Y he aquí que uno de los que toma en sus manos y lo abre y lo lee con absoluta fascinación es Where The Wild Things Are, que es el título original del álbum de Sendak.

Es fácil suponer lo que, en esa circuntancia casi clandestina, puede significar leer o simplemente mirar las imágenes de un libro. La mezcla de excitación y promesa puede resultar un acto inolvidable. Tantos años después, Jennifer aún recuerda vivamente aquellos momentos inaugurales, la entrada que hacía sin señales ni lazarillo no sólo en una geografía nueva, sino en una lengua nueva y en una nueva dimensión de la existencia.

De esas historias me nutro como profesor y con ellas afirmo mi convencimiento de que, en lo referente a la relación con los libros, el azar juega un papel determinante, irrenunciable, en la biografía personal. Ya sé que resultaría estéril y deshonesto esperar a que esos encuentros fundacionales se produzcan, sin hacer nada mientras tanto. Por eso sé que es necesario programar o facilitar las tempranas relaciones con los libros. Pero asimismo sé que la reglamentación, la obsesión por la eficiencia o las evaluaciones continuas no siempre garantizan el amor por los libros y pueden, en cambio, asfixiar lo que de azar o gratuidad debe tener necesariamente la lectura.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Amigo Juan:

¡Qué revolución esto de los blogs! Pizarras donde poder escribir, reflexionar, explicar la vida, poner palabras escritas recogiendo palabras dichas, a cualquier hora, desde cualquier lugar y puestas para que pueda leerlas cualquiera… La historia de Jennifer es conmovedora.
Tienes una sensibilidad especial a la hora de contar, a la hora de relacionar, de explicar lo que ves y lo que oyes. Escribo de tiempo en tiempo, pero leo todo lo que escribes.
Tomaste una decisión muy importante para tus lectoras y lectores el día que decidiste abrir este blog: nos regalas tus reflexiones y tus palabras. Gracias, amigo.
Mariano

Alejandro dijo...

Bueno,realmente fue esta mañana cuando al hacer mi memoria de desarollo de habilidades comunicativas,pensé:¿conozco a mi tutor? para mi mayor sorpresa y admiración me encontré de que la respuesta era afimativa.Hoy quiero que se recozca a Juan Mata, diciendo que: ha sido escritor de dos 3 libros de una calidad extraordinaria como son:Granada abierta, Apogeo y silencio de Hermenegildo Lanz y Como mirar a la luna (Confesiones a una maestra sobre la formación del lector).Ademas de todo esto Colabora asiduamente con el Patronato Municipal de Educación Infantil, la Orquesta Ciudad de Granada y el Parque de las Ciencias, para cuyo planetario ha creado el programa El universo de Lorca. Coopera asimismo con las bibliotecas públicas de su ciudad y compañías de títeres y danza contemporánea que trabajan para niños.Todo ello le ha llevado a el Premio Feria del Libro de Granada 1998 y el Premio Andaluz de Fomento de la Lectura 2002.Muchas gracias por hacer de mi una persona critica y pensante.Realmente creo Juan que el conocimiento no va a fracasar, no mientras estes tú ahi.

LUISA M. dijo...

Me ha gustado la historia de Jennifer que compartes con nosotros. Es curiosa la forma en que descubrió ese libro y, no cabe duda, que su contenido le entusiasmó por lo que recuerda y cuenta.
Cualquier camino que nos lleve hasta un libro o nos entusiasme por la lectura, es interesante y válido, ¿no crees?
Gracias por tu labor. Los que amamos la lectura y los libros, entre los que me incluyo, la valoramos mucho.

Juan Mata dijo...

Querido amigo Mariano, tu generosidad me abruma. Tú sabes perfectamente que esas palabras que me envías podían tenerte a ti como destinatario. Esa mirada sensible que me adjudicas es asimismo la tuya. Nos formamos en un tiempo en que aprendimos que por biografía y por voluntad teníamos que dar voz a los más débiles, a los más desheredados. Por eso estamos tan atentos a esas historias minúsculas, tan representativas sin embargo de las diferencias sociales. Los blogs, efecto, ensanchan las aulas y las reflexiones de un modo asombroso. Lo demuestras constantemente.

Estimado Alejandro, de todo lo que dices destaco sobre todo las palabras finales. Me hace feliz saber que consideras que he contribuido en algo a hacer de ti una persona crítica y pensante. Eso es lo que de veras importa. Lo demás es accesorio. Poco valor tienen los currículos profesionales si luego los alumnos no adquieren esa actitud disconforme de la que hablas. Ayudar a pensar de un modo autónomo es el objetivo que mueve a muchos profesores. Te agradezco mucho que reconozcas en mí esa voluntad.

Estimada Luisa, no me cabe la menor duda de que los caminos que conducen a los libros no son rectilíneos ni previsibles. Y en eso reside en gran parte el encanto de la lectura. No podemos reglar lo que en gran medida pertenece al azar. Por eso es tan necesaria una actitud atenta y alentadora por parte de los profesores. Nuestro compromiso debe ser dar oportunidades, favorecer encuentros, alentar los descubrimientos. Y ampliar y afinar los juicios de los alumnos. Estoy seguro de que, aun cuando no te conozco, es lo que tú haces con los tuyos. Gracias de nuevo por tus comentarios.