17 de enero de 2011

El asesino lector

Hace unos días leí una noticia entre perplejo y divertido. El suceso del que se daba cuenta era sin embargo muy dramático: el asesinato de la esposa y el hijo adolescente a manos de un hombre de 52 años, residente en Torrecaballeros, un pequeño pueblo de la provincia de Segovia. Eran los datos que aportaba el periodista lo que me sorprendió y me hizo sonreír no sin cierta amargura. Por encima de cualesquiera otros rasgos del presunto asesino, que acabaría suicidándose tras el crimen, la información destacaba su cualidad de lector. Era la primera vez que leía algo semejante. Nunca en ocasiones anteriores, en circunstancias iguales, había leído datos del perfil del asesino que aludieran a sus íntimos gustos o aficiones. No recuerdo que en otros momentos se haya destacado de los asesinos su pasión por el fútbol, su conocimiento de astronomía, su adicción a los programas de chismorreos televisivos, su fervor por los tangos o su habilidad con los ordenadores, pongamos por caso, y no es de dudar que manías o devociones tendrían, como les suele ocurrir a la mayoría de las personas.

En esta ocasión, sin embargo, se concedía gran relevancia a la condición de lector del criminal. "Nadie sabe lo que se le pudo pasar por la cabeza a este hombre con el que solo se podía hablar de literatura o historia, nada de temas comunes, enemigo de la televisión", afirma el periodista, no sé si con ánimo esclarecedor o acusatorio. El caso es que la afición del autor del doble parricidio a la lectura es un dato destacado. "Quería ser muy sabio, no había libro del bibliobús que no se hubiera leído", confirma con desparpajo una vecina, peluquera para más señas. Finalmente, el periodista cree oportuno resaltar que era un lector obsesivo, que no salía de su casa y leía a Sócrates (¡a Sócrates nada menos!).

Entenderán mi jocosa perplejidad tras la lectura de la noticia. ¿Quiere decirse con todo ello que la lectura empuja al crimen o que al menos no lo evita? ¿Se trata de un descubrimiento, una advertencia o una decepción del periodista? ¿Se quiere denunciar que hasta los lectores matan? ¿Puede considerarse la lectura como una circunstancia agravante o eximente? ¿O es quizá una patología, como lo puedan ser el alcoholismo o la esquizofrenia? ¿La costumbre de no ver la televisión y no hablar de 'temas comunes' puede juzgarse como indicio de una mente criminal? ¿Leer las palabras de Sócrates cura o agrava?

En fin, un sinnúmero de dudas. Ya lo que faltaba es que la lectura, y especialmente los Diálogos de Platón, los bibliobuses y el empeño en hablar de literatura aparecieran como un riesgo, como una incitación a coger el rifle y disparar al primero que aparezca.

4 comentarios:

Evaristo Romaguera dijo...

Al día siguiente comenté perplejo la noticia en el aula. Yo ya les había advertido que leer no nos hace mejores. Aunque todavía no les he hablado, ni pienso hacerlo, de los riesgos de las lecturas. Ni las filosóficas ni las literarias.

Rose dijo...

¡Hola!
Leía hace poco que, en cuestión de medios de comunicación, elejimos el periódico, el canal de televisión, la emisora de radio... que mejor alimenta nuestros prejuicios, y el "detalle" de esta noticia me lo ha traído a la mente. Que "el vecino" lea con avidez, y deteste la televisión, no es lo más habitual en nuestra sociedad, y las personas a las que nos apasiona la lectura lo sabemos, y lo sufrimos. Sabemos que somos tildados de raros, de "diferentes", y lo raro y diferente ya sabemos también que produce algo de rechazo, (¿o es miedo?).
"Nadie sabe lo que se le pudo pasar por la cabeza a este hombre con el que solo se podía hablar de literatura o historia, nada de temas comunes, enemigo de la televisión". A mí este párrafo me deja clavada en la silla. ¿Nada de temas comunes? ¿A qué llamamos temas comunes, al mundial de fútbol, a la ley antitabaco? ¿Hablar sobre literatura es cosa de una minoría, de una especie de gueto, de una secta? De entre todas las preguntas que te haces, Juan, la respuesta que mejor me cuadra es que este periodista, efectivamente, considera la lectura, y por ende la cultura, como una patología...
Un beso, Juan, y decirte que, como siempre, disfruto muchísimo con las reflexiones a las que me llevan tus artículos sobre la lectura...

Sonja dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
LadyMarian dijo...

Paseando terminé acá y me quedé asombradísima con el artículo.

Evidentemente pertenecer a una minoría que lee (comparado, por ejemplo, con la cantidad de espectadores de programas televisivos, seguidores del fútbol, etc.) es peligroso o, por lo menos, sospechoso.

O sea que "a más libros, más grave la patología".
Y deduzco que también dependerá de los gustos literarios. Si te gustan los bestsellers sos más normal que si te interesa la física cuántica.

Si esto lo dice un periodista, ¡¿qué podemos esperar de otras personas con menos formación?!

Besos