9 de agosto de 2010

Verano y literatura VI

NIÑO DE LA PLAYA

Las manos te ayudaban a mirar lo infinito,
y me hacías castillos sobre los pies descalzos
con adornos dulcísimos y sonrisas inéditas
en tus pómulos tersos.

Destrenzabas enigmas, entreabrías caminos
sin apenas notarlo, dibujabas con palo
tembloroso muñecos sobre la playa húmeda.

Buscador del cristal y la concha más rara,
se escuchaba tu voz, se palpaba revuelta
en las arenas vivas, al helor de la entrada.

Cabalgabas las gotas, el salpicar del agua
sobre tu piel desnuda, como el vuelo de un pájaro
sostenido por nubes.

Convidaban tus brazos extendidos al aire
a estrecharte en la ola y a proclamarte dueño
de la voz de la brisa.

Porque así te recuerdo te convoco en mis horas,
entreabierto a mi anhelo, dulcemente extasiado,
como en aquellos días por cuando agosto suele
enamorarse.

María Victoria Atencia, La señal

5 comentarios:

juan dijo...

Lo que tantas veces hemos hablado: la verdad en el arte es la verdad que el artista tiene que contarnos.

estrella polar dijo...

¡Qué viajes al pais del recuerdo real o imaginario haciendo este verano gracias a tí! Me ha mojado el agua fria de la playa "cuando agosto se enamora". Gracias. Besos de polvo de arena húmeda.

discreto lector dijo...

¿Qué más añadir, Juan? Salvo que esa verdad del artista se confunde a veces con la cháchara o el exhibicionismo del ego. Lo más admirable del arte seguirá siendo el esfuerzo por darle forma a esa verdad, que es en el fondo una manera de buscarla y descubrirla. Eso es lo que justifica leer un libro o mirar un cuadro o escuchar una canción.

Estrella, espero que esas evocaciones sensuales que te provocan los textos alivien un poco los rigores del agosto castellano.

Sally dijo...

Lo leo y me imagino un cuadro de Joaquín Sorolla. Un saludo

discreto lector dijo...

Es cierto, Sally. Los cuadros de Sorolla nos vienen a la memoria al leer el poema de María Victoria Atencia. "La hora del baño", por ejemplo.

Gracias por tu comentario.