9 de mayo de 2010

9 de mayo de 2008

El día 9 de mayo de 2008, con tanta ilusión como incertidumbre, inicié la redacción de este blog. Pensaba entonces que era llegado la hora de utilizar un instrumento tan poderoso para ensanchar el círculo de interlocutores. Dos años y ciento ochenta y dos entradas después querría compartir algunas reflexiones sobre esta experiencia. Las deben entender como la expresión pública de algunos de los pensamientos que me rondan estos días. Un balance es una mirada al pasado, una forma de darle sentido a un experimento. También una forma de pensar el futuro.

Comenzaré por lo más elemental: las alegrías.

Aunque lo imaginaba, y hasta lo deseaba, no podía suponer hasta qué punto iba a suceder como ha sucedido. Poder conversar, aunque de modo breve y entrecortado, con tantos lectores anónimos, poder conocer sus pensamientos y sus emociones, sus gustos y sus consejos, es un motivo permanente de gozo. Tal vez no soy capaz de medir el alcance exacto de mis palabras, pero me bastan los ecos que percibo para sentirme satisfecho. No aspiraba a más. No pensaba en lucimientos personales, ni en una forma de promoción profesional, ni en hacer propaganda de tal o cual producto. Tan sólo deseaba compartir con más gente lo que acostumbro a decir en círculos reducidos. Ese objetivo se ha cumplido con creces, con el regalo agregado de numerosas palabras juiciosas, cordiales y valiosas que envían quienes generosamente se acercan al blog. Esa circunstancia, que tanto se aproxima a la idea que tengo del civismo, me hace muy feliz. Repito ahora aquí una palabra que con harta frecuencia escribo en las respuestas a los comentarios de las entradas: gracias.

Pero esas alegrías están entreveradas con incomodidades, dudas e incapacidades que me han creado malestar. Comentaré algunas de ellas.

He comprendido que resulta muy difícil armonizar el deseo de discreción personal con la redacción de un blog abierto al mundo. Hago esfuerzos denodados por evitar el uso del pronombre 'yo', pero no siempre lo consigo. Cuando eso sucede me siento molesto, fracasado. Temo que algún lector pudiera confundir la información con la jactancia y eso me pone nervioso. Por eso casi nunca hablo de lo que hago, de las ciudades que visito, de las conferencias que doy. Pero al mismo tiempo me parece que esa actitud pudiera ser una forma de desconsideración, de descortesía hacia los organizadores y los lectores. ¿Por qué habría de ser una petulancia el hecho de hablar públicamente de las sensaciones placenteras que he vivido tras un encuentro con profesores o jóvenes o familias o bibliotecarios en torno a la lectura? Ya sé que muchos lectores no se sentirían incomodados por un relato de esas actividades, pero no puedo evitar percibirlo así. Soy consciente de que eso limita las posibilidades del blog, de que esa actitud contradice la propia naturaleza de un blog, pero no sé actuar de otro modo.

No estoy dotado para la brevedad o el aforismo. Y eso es causa asimismo de malestar. Tengo una forma de pensar muy discursiva y tiendo por ello a escribir entradas muy largas. Cuando redacto algo sucinto siento que he ocultado algo importante. Me pesan más las supresiones que las aportaciones. Sé que esa proclividad a la extensión no casa bien con la esencia de un blog, pero no soy capaz de actuar en consecuencia. Confieso que uno de los propósitos para el futuro es ser más conciso, pero no estoy muy seguro de poder lograrlo.

Durante muchos años fui columnista habitual en algunos periódicos de mi ciudad. Vivía esa condición con una excitación y una responsabilidad abrumadoras. Cuando se acercaba la hora de entregar el texto semanal me sentía agobiado, temeroso. Mientras desconocí el rostro de los lectores escribí con más libertad y más ligereza. Pero conforme fui identificando a quienes me leían, a quienes aguardaban con ansiedad mi columna semanal, fui perdiendo seguridad y fui ganando en incertidumbre. No era fácil ir a una oficina o a un taller o a un colegio o a un comercio y escuchar de pronto un comentario sobre lo que había escrito unos días antes. ¿Cómo sobrellevar el hecho de que el carnicero de un supermercado o la enfermera de un hospital te leen y te agradecen lo que escribes? Para mí no era sencillo. Porque eso me iba obligando a escribir para ellos, a pensar mientras tecleaba el texto en no decepcionar al taxista o al compañero de trabajo que en un mismo día podían comentarte un artículo reciente. Hace unas semanas, en los prolegómenos de la presentación de la novela de Antonio Rodríguez Almodóvar, de la que les hablé aquí, se acercó una mujer desconocida y me mostró un álbum de recortes de antiguos artículos míos que conservaba con devoción. Me pedía una dedicatoria. Comprenderán que me pusiera muy nervioso. ¿Y quién no en su sano juicio? Me resultaba incomprensible y al mismo tiempo fascinante comprobar que alguien hubiera guardado palabras mías durante años. ¿Qué habían significado para ella y por qué las seguía conservando? Lo único que puedo decir es que esa clase de preguntas se convirtieron en su día en un agobio difícil de soportar. De hecho no lo aguanté y decidí descansar temporalmente. Pero lo que iba a ser un respiro se convirtió en realidad en una renuncia. El blog fue un modo indirecto y más relajado de regresar al espacio público.

Les cuento todo esto para que entiendan que me tomo muy a pecho la redacción de cada entrada, que no soy capaz de frivolizar, que me siento muy contrariado cuando alguna circunstancia me impide escribir con regularidad. Pido disculpas por esta manera de actuar. Me desasosiega la sombra silenciosa de los lectores, aunque desconozca su identidad.

Y he aquí el otro gran fantasma que me abruma: el tiempo. He comprendido que un blog requiere muchas horas, muchas atenciones. No siempre dispongo de esas horas necesarias. Y cuando no escribo me siento mal, peor cuanto más tiempo pasa entre una entrada y otra. Y esa dilatación es otra causa de inquietud. Admiro a quienes son capaces de afrontar diez asuntos a la vez. No es mi caso. Si estoy concentrado en una tarea soy incapaz de distraerme en otra. Y si las circunstancias vitales te reclaman, no escatimo esfuerzos. Por eso habrán notado algunos silencios prolongados. No crean que no me pesan. Pido, por tanto, disculpas.

Bueno, así estoy: feliz y preocupado, con ánimos y con incertidumbres, pensando el pasado e imaginando el futuro. Me siento ante todo un hombre afortunado, con muchas razones para estar agradecido.

12 comentarios:

julio e. dijo...

soy nuevo en este tema de los blogs, y tu entrada es una buena leccion de etica en esta actividad.
podria decirte facilmente, no te abrumes, pero tengo claro cuanto pesa nuestra propia exigencia a la hora de actuar. tal como tantas veces lo dices tu, gracias. un abrazo

Magda Díaz y Morales dijo...

Muchas felicidades en tu segundo aniversario bloguero. Que dure muchos años más.

Un abrazo

estrella polar dijo...

¡Feliz aniversario!Decirte gracias parece algo repetitivo. Decir que te siento como un dulce y reflexivo amigo que me abre puertas al mundo, que me asegura que no ando muy descaminada con lo que pienso o siento...suena pretencioso... Mil besos Juan en la distancia tan cercana de esta red que tejemos entre todos los blogeros.

isabel dijo...

¡Feliz aniversario,Juan!
Gracias por compartir tu tiempo, tus pensamientos,tus palabras,tus reflexiones... con todos los lectores que nos acercamos a este blog.
Y, como dice la canción "Y que cumplas muchos más".

Anónimo dijo...

¡Y que cumpla muchos más!
Gracias por todo lo que me aporta la lectura de esta página. Por tus entradas y por los comentarios de las personas que participan.
Bastantes veces me compro libros que recomiendas y los disfruto.
A veces me emociono mucho. Como con la penúltima: Nacido para leer.
Gracias. Y felicidades.

Paramio dijo...

Le conocí por sus libros, luego asistí a una ponencia que dio en unas Jornadas de Bibliotecas Escolares en Santiago de Compostela y, ás tarde, descubrí su blog.
No sabe la emoción que me produce leerle y me da igual que sus entradas sean largas, que tarde en escribirlas - aunque reconozco que en ocasiones las hecho en falta e imagino en que pagos estará usted metido-; no seré yo quién le aconseje lo que debe hacer; pero, por favor, no deje de hacerlo, aunque algunos les conozcamos y otros, no. Hay mucho en la "blogosfera", pero poco que merezca la pena. ¡Ánimo!,¡Felicidades! y ¡Gracias a usted por sus palabras!

Teresa dijo...

Felicidades, dos años es un tiempo importante donde da tiempo a pensar todo eso que has descrito. Cómo te entiendo, pero da igual, todo está bien y a mi me encanta abrir el ordenador y poder pasearme por el tuyo y el de tanta gente que dedica un tiempo muy valioso a decir y contar cosas muy interesantes.
Un saludo
Teresa

lammermoor dijo...

¡Ante todo felicidades por tu "cumpleblog"! y gracias por estar ahí, acercándonos tus reflexiones sobre la lectura y la literatura. Descubriéndonos poetas o cuentistas (palabra preciosa a pesar de que la han cargado con tintes peyorativos)o cuando nos dejas "colarnos" en la clase.

discreto lector dijo...

Julio, Magda, Estrella Polar, Isabel, Anónimo lector, Paramio, Teresa, Lammermoor... mostráis una generosidad tan limpia que no tengo más remedio que pensar que quizá los blogs se idearon para ese menester: recordar lo fácil que resulta la fraternidad humana.

Os envío mi gratitud y mi abrazo.

bibliobulimica dijo...

Juan:
¡muchas felicidades por el segundo aniversario! ¡y que la vida nos deje seguirte muchos más!
Es un placer venir a leerte y no tienes que pedir disculpas por nada. Cada entrada es una oportunidad de conocer nuevos autores, libros, vivencias y que tengas tiempo de hacerlas, entre tanta otra ocupación, un regalo que aprecio.
Te sigo siempre,
Ale.

discreto lector dijo...

Ale, tus palabras saben a gloria. Gracias.

Anónimo dijo...

¡Tengo tanto que leer, aunque sea de un tiempo relativamente pasado...!
Es un regalo que permanece y está vivo, así lo siento yo.
He ido a parar a esta entrada y solo se me ocurre decir (no sé si a alguien, pero lo digo): gracias, cada entrada es un tesoro generoso, de gran interés... las cosas importantes siempre permanecen, las formas es lógico y totalmente respetable que cambien. Gracias.Memes