4 de mayo de 2009

Una carta

Hace unos días recibí una carta.



Es una carta colectiva. Me la enviaron los alumnos y alumnas de la clase 'Las Palomas' de la Escuela Infantil Municipal Arlequín, en Granada. Desde el principio de curso están aprendiendo con su maestra, Isabel Vallejo, los significados y la estructura de las cartas. Ahora mantienen correspondencia con personas a las que quieren comunicarle o solicitarle alguna cosa. Al final van los nombres de los remitentes. Casi todos han aportado algo al texto.

Si la leen con atención observarán la admirable inteligencia de los autores, su intacta ilusión por aprender. Han aprendido a escribir de un modo sereno y reflexivo, inmersos en contextos auténticos y significativos, participando en prácticas sociales de lectura y escritura. Me siguen conmoviendo esas muestras inaugurales de escritura, sus inseguros trazos, el profundo entusiasmo que desprenden. ¡Albergan tantas esperanzas, tantas promesas!

La postada me emociona especialmente: TAMBIEN APRENDEMOS A LEER MUCHAS COSAS. Lo que me piden es precisamente que contribuya a ese aprendizaje, que acuda a su clase a leerles algún cuento, que les muestre cómo se hace eso a lo que tanto aspiran. Iré, claro está. Ellos me esperan y yo estoy deseando conocerlos.
Les daré cuenta a su tiempo de la visita.

También me enviaron unos dibujos, algunos de los cuales reproduzco aquí.


8 comentarios:

estrella polar dijo...

Cómo me ha emocionado la carta, se la he mostrado a mis compañeros del Equipo psicopedagógico donde trabajo. ¡que lindas las letras, qué bonitas sus ganas de decir!¡qué suerte que tenemos de poder compartir ese entusiasmo en aquellos lugares donde se trabaja respetando la inteligencia de los niños y sus capacidades! No dejo de emocionarme cuando veo el proceso feliz del aprendizaje. ¡qué lujo de maestra! disfrutalos cuando vayas a verlos, llevales cuentos que enciendan su imaginación... serán mujeres y hombres escritores y lectores, porque aprendieron con alegria y placer. Dulces centellas nocturnas desde Madrid

Juan Mata dijo...

Sí, estrella, es emocionante. Sobre todo, como afirmas, por su entusiasmo y sus ganas de decir. Su maestra es maravillosa, ciertamente. Y puedo proclamar con orgullo que Isabel Vallejo ha sido alumna mía. Es de esas cosas que me gusta referir, porque las necesitamos de cuando en cuando. Por uno de esos azares maravillosos que algunas veces se presentan, en estos momentos sus alumnos andan debatiendo en qué se parece y en qué se diferencia el español del chino. ¡Y no puedes imaginar lo que están descubriendo ellos solos sobre el hecho lingüístico! Admirable, simplemente.

Gonzalo («Darabuc») dijo...

¡Qué gozada!

Yo tuve una suerte parecida cuando un grupo con el que hacía un taller de cuentos me escribió por Navidad. Este año no pude continuar el taller por razones que no vienen al caso y la enorme postal azul con las palabras y la firma de todos no ha bajado ni un día del estante de al lado.

MEMES dijo...

Veo sus entrañables letras,tan bien hechas, leo su carta, la disfruto y me parece estar viendo a esas criaturas tan vivas, tan personales y propias, tan curiosas , tan emotivas... ¡Es la fuerza de la escritura!
Y es emotivo también,y se agradece, que Isabel, que tú (maestras, maestros ¿a que es bonita la palabra?)se las hagáis aún mas vivas al compartirlas.

Amparo me habló del blog. ¡Enhorabuena! Besitos.

Juan Mata dijo...

Sí, Gonzalo, entiendo tu gozo. De sus palabras, me conmueve sobre todo su espontaneidad, su confianza en una persona mayor y desconocida, sus expectativas. Imagino que será esa delicadeza que te entregan la que luego les devuelves con tus textos.

Juan Mata dijo...

Gracias, Memes, por tu presencia. ¡Qué alegría! Y pues hablas de maestros y maestras, ¿no crees que deberías incluirte tú en esa nómina? Espero poder hacer algún día un comentario sobre tu trabajo y tus alumnos.

Gonzalo («Darabuc») dijo...

Es curioso, porque la mención de la delicadeza me ha hecho recordar de forma muy vívida que el cuento que más les gustaba y pedían una y otra vez era uno de brujas. Lo vimos de varias maneras, cada vez con más intensidad teatral. Y sin embargo, en todo ese proceso de aprendizaje y disfrute del miedo (pasos muy cortos en contextos controlados en los que les encanta dejarse ir, como por un tobogán más alto, sabiendo que abajo los recogerán), creo que hay justo mucho de delicadeza. Es como ir preparándoles, quizá durante horas, un bomboncito de miedo que luego los hace chillar de emoción y placer al mismo tiempo.

Juan Mata dijo...

Reconozco, Gonzalo, esas situaciones en que los chillidos del miedo son al mismo tiempo una señal de placer. ¡Qué satisfacción participar en esas experiencias! ¡Que sigas disfrutándolas!